El Reino de las luces

El motivo presente en El Reino de las luces de Magritte, con su surrealismo inquietante, es el punto de partida para esta serie fotográfica del mismo nombre desarrollada en varias localidades de Chile. En estas imágenes, el paisaje adquiere una atmósfera desoladora y, al mismo tiempo, acogedora, donde se manifiesta la dificultad de mezclar lo frío y lo cálido a través de la luz, el tiempo, la naturaleza y el ser humano.

Al caer el sol, la luz exigua que persiste en el horizonte se entrelaza con los tonos templados del fuego y la iluminación artificial del hogar. Este momento, cercano a la denominada “hora mágica”, es el componente que utiliza Jorge Brantmayer para constituir estos escenarios cargados de simbolismo.

La mezcla de diferentes temperaturas de color en la imagen es la clave para producir fotografías que parecen desafiar su propia constitución, pero que, no obstante, se complementan de manera equilibrada. Las tonalidades naranjas, rojas y amarillas, en contraste con los azules del cielo que oscurece, crean una combinación casi imposible que se materializa y realza en cada escena gracias a la técnica fotográfica.

En El Reino de las luces, el tiempo se convierte en una herramienta presente tanto en la hora en que se fotografía como en la arquitectura y naturaleza capturada. La obsolescencia y la dureza de la intemperie parecieran cubrir el paisaje campestre, lo cual sustenta la lectura de estas imágenes en un discurso que remite a los orígenes, donde la presencia del ser humano, inmersa en la inclemencia del clima, se refugia en la calidez del fuego.

La serie aborda visualmente lo primitivo mediante la presencia de cuerpos desnudos sumidos en este peculiar entorno, como si nuestros antepasados posaran con seguridad frente a la cámara, resguardados por el fuego. En la misma línea, la antorcha, símbolo de iluminación espiritual y conocimiento, aparece sostenida por una mujer a caballo, una narración que refuerza el discurso sobre el significado del fuego como luz que prevalece y se multiplica en forma de imperio.


The motif present in Magritte’s The Kingdom of Light, with its disturbing surrealism, is the starting point for this photographic series of the same name developed in various locations in Chile.. In these images, the landscape takes on a desolate yet welcoming atmosphere, where the challenge of blending the cold and the warm is manifested through light, time, nature and the human presence.

As the sun sets, the meager light that persists on the horizon is intertwined with the warm tones of fire and the artificial lighting of the home. This moment, close to the so-called “magic hour”, is the element used by Jorge Brantmayer to create these scenes loaded with symbolism.

The mix of different color temperatures in the image is key to producing photographs that seem to defy their very constitution, yet harmoniously complement each other. The contrasting orange, red and yellow tones against the blues of the darkening sky, create an almost impossible combination that is materialized and enhanced in each scene thanks to the photographic technique.

In The Kingdom of Light, time becomes a present tool, both in the time it is photographed and in the captured architecture and nature. Obsolescence and the harshness of the weather seem to cover the countryside landscape, which supports the interpretation of these images in a discourse that alludes to origins, where the human presence, immersed in the inclement weather, seeks refuge in the warmth of fire.

The series visually explores the primitive through the presence of naked bodies immersed in this peculiar environment, as if our ancestors confidently posed before the camera, protected by fire. Along the same lines, the torch, a symbol of spiritual enlightenment and knowledge, appears held by a woman on horseback, a narrative that reinforces the discourse on the meaning of fire as light that prevails and multiplies in the form of an empire.